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En estos días El Club empieza a despertar luego del receso de fin de año. Comienzan a llenarse nuestras canchas de chicos y chicas. Aparecen por todos lados padres llevando y trayendo niños, haciendo pool para las idas y vueltas a sus casas.

Los micros que vienen por el carril Urquiza tienen parada obligada en la puerta del Club para permitir el descenso de incipientes torditos/as que ven en el Club un lugar de contención y alegría, que les permite reencontrarse con sus amigos que hace unos meses no veían, o conectarse con otros nuevos que pronto lo serían.

El Club revive por completo en cada división con su profundo compromiso y afecto, que los transforma en parte esencial de toda la actividad.

Ahora bien, lograr que esta movida sucediera con tanta naturalidad fue una ardua, alegre y sostenida tarea. Allá por nuestros inicios había que conseguir que la mayor cantidad de chicos se acercaran al Club a conocer de qué se trataba este nuevo deporte que se les presentaba y lograr que quisieran seguir viniendo.

Hemos hablado de nuestros comienzos bastante nómades, hasta que se llegó a adquirir el actual predio, lo que nos permitió no ser más los torditos sin nido, teníamos un lugar, un sitio donde empezar a construir nuestro sueño. Pero claro, había que hacer en el Club muchas cosas, pero entre ellas era fundamental nutrirlo de chicos que le dieran sentido y sustento a todo ese lindo esfuerzo, y para ello fue necesario poner en funcionamiento esa maravillosa fuerza interior que es el ENTUSIASMO.

Hoy voy a contar una de esas divertidas acciones vividas con una división que entrené, junto al querido y siempre recordado Carlitos Serrano, hoy autotitulados …. “La Gloriosa 63” ja ja.

A fines de noviembre del año 76 ó 77 no recuerdo bien, habiendo terminado nuestro campeonato, y a modo de cierre de año rugbístico, se propuso, con el acompañamiento incondicional del padre de uno de los chicos, el profesor Gei, papá de Gabriel y Daniel, hacer un campamento en el Club.

La idea prendió absolutamente en el equipo y fue así que por intermedio de este padre conseguimos varias carpas, logística necesaria, las que conjuntamente con los bártulos que cada uno pudo aportar (bolsas de dormir, linternas, etc.), emprendiéramos nuestra “Aventura Tordita“ en ese paraje todavía bastante inhóspito que era nuestro Club en ese entonces (una típica ex viña mendocina).

El día indicado fue un viernes, llevamos las cosas por la tarde y empezamos a armar las carpas, cerca de donde hoy está la placita de juegos, mirando hacia la cancha de rugby 1 y la pileta, al resguardo de los olivos todavía existentes en el lugar. Al rato se pusieron a jugar la clásica e infaltable “tocata” de la cual éramos muy afectos, al igual que todo el Club, hasta que se cansaron, y luego de algún breve reposo (a esa edad no se cansan nunca), dieron comienzo las “expediciones de reconocimiento por todo el predio y por los terrenos vecinos“, entre ellos la viña que estaba donde hoy son las Canchas de rugby 3 y la 2 de hockey.

La pileta fue motivo de varias “incursiones“, toda vez que en ese momento tenía muy poca agua y se encontraba “visitada por algunos sapos”, lo que fue motivo de persecución de varios de ellos.

A la noche preparamos la cena con lo que cada uno llevaba, prendimos un fueguito a modo de fogón criollo para contar las andanzas del día y recordar otras de los viajes y partidos jugados durante el año.

Junto a Carlos, realmente disfrutamos un montón compartir cómo los chicos se divertían con sus juegos y comentarios, era todo risas y alegría, tal es así que hasta el día de hoy, que nos seguimos juntando en asados y reuniones, aparecen los mismos cuentos de siempre que nos transportan en el tiempo a esa época increíble de nuestras vidas, con la satisfacción de haber transcurrido esos momentos en nuestro querido Club.

Muy pocos creo que pudieron dormir esa noche de tanta adrenalina generada por ese Campamento Tordito; regresando a sus hogares al día siguiente con la felicidad expresada en sus rostros, pero guardada a fuego en sus corazones de toda “LA GLORIOSA 63“.

Como estas vivencias, y muchas otras más que habrá oportunidad de seguir contando, fueron las que impulsaron a generaciones enteras a consolidar ese profundo sentido de pertenencia para con El Club, y además ganar amigos para toda la vida.

Abrazo a todos.

Alejandro Kako Apatye